El CAMBIO

No quiero dejar pasar este período que estamos viviendo para aportar mi granito de arena y ofrecer un par de entradas, que en mi opinión son importantes. Por un lado, me gustaría hacer una reflexión de lo que es el cambio, cómo lo vivimos y cómo podemos afrontarlo de un modo podríamos decir en “su justa medida”.

En estos días estamos recibiendo mucha información, noticias devastadoras, incertidumbre. Estamos sintiendo emociones como el miedo, la angustia y un sinfín de ellas que son difíciles de manejar porque nos hemos visto obligados a parar nuestro día a día de golpe. Nos hemos visto obligados a asumir una situación impuesta y no escogida por nosotros. A fin de cuentas nos hemos visto obligados a vivir un CAMBIO que, sin duda dejará, una huella en todos nosotros. 

He tenido la gran oportunidad de leer el libro “La revolución emocional” de Inma Puig y terminarlo justo en esta situación, de ahí el título y mi impulso y necesidad de hablar de ello. 

¿Qué es un cambio?

La definición que da la RAE es: dejar una cosa o situación para tomar otra.

Un cambio no es algo baladí, tiene más impacto en nosotros de lo que realmente creemos. Heráclito decía: “No hay nada permanente en la vida excepto el cambio”.

Sin embargo, aunque todos estamos de acuerdo en que es bueno cambiar, la mayoría de los seres ofrecen una gran resistencia a los cambios ¿por qué? porque ante un cambio uno sabe qué es lo que va a perder pero desconoce qué es lo que ganará.

El ser humano solo apuesta ciegamente en un cambio cuando sabe que las cosas no pueden ir peor. El cambio nunca se produce desde la comodidad, de hecho el malestar, la incomodidad o un mal externo son los motores que impulsan al cambio.

Tenemos que ser conscientes que sea cual sea nuestra postura o situación, los cambios no nos afectan a todos por igual y no todos tenemos la misma predisposición ante ellos. Depende en gran medida de las experiencias personales de cada uno y de más factores pero en cualquier caso, unos lo viven como una oportunidad y otros como una amenaza.

Lo que es innegable es que hay dos palabras incompatibles entre sí, y son ‘imposición’ y ‘cambio’. Cuando lo que se hace es imponer un cambio la resistencia al mismo aumenta inevitablemente. Esta es nuestra situación actual, un cambio impuesto pero a su vez inevitable y dictado por un bien social.

¿Qué nos ocurre ante los cambios impuestos?

Se desatan multitud de temores, miedo a lo desconocido, a perder libertad, estatus, puesto de trabajo, responsabilidades laborales, condiciones laborales, poder adquisitivo, enfermar, etc.

¿Qué podemos hacer ante la pérdida?

Pasar el duelo. Y sí, digo bien, el duelo porque a fin de cuentas es una pérdida con todas sus letras. Una pérdida de muchas cosas que hasta el momento las dábamos como ‘seguras’ pero ahora nos damos cuenta de que no lo son.

El duelo es un proceso de integración de las emociones por las que hemos pasado. Esto lleva su tiempo y si no nos lo permitimos arrastraremos la pena y las emociones vividas sin darnos cuenta y repitiéndolas en acciones cotidianas. Pasar ese tiempo sirve para soltar lastre, para dejar lo que ya no nos sirve de lo vivido y poder seguir nuestro camino con el peso justo.

Las fases por las que probablemente pasemos (unos en mayor medida y otros en menor, unos en mayor tiempo otros en menos) serán: 

  1. Desconcierto, incredulidad de lo ocurrido: esta fase yo creo que la llevamos viviendo un tiempo. Sensación de paralización, sentimientos de miedo, pánico, incertidumbre etc…
  2. Rabia: rebelarse contra lo que ha pasado. A esta fase se le suma un período de añorar lo perdido, lo que se tenía y rechazar la nueva realidad. 
  3. Aceptación: es la fase final y viene con sentimientos esperanzadores y de optimismo ante lo nuevo.

Cada una de estas fases lleva un tiempo y hay que vivirlas y pasarlas para que emocionalmente no nos quedemos con esa carga de la que hablábamos anteriormente.

Para concluir y aportar aquello que me parece más interesante de todo, en la siguiente entrada intentaré contar de la manera más sencilla y explícita cómo podemos, a través de la Reflexología aumentar nuestro sistema inmune y ayudar a aquellos que vivan con nosotros auto tratándonos. 

Mucho ánimo y mente positiva, a fin de cuentas como decía Bernice Johnston Reagon: 

“Los retos de la vida no están hechos para paralizarte, sino para ayudarte a descubrir quién eres”


2020 Nuevos propósitos: experiencias personales

Hola de nuevo! retomo este blog con el mismo entusiasmo con el que lo inicié. Bien es cierto, que he estado un tiempo sin darle todo el cariño que merece pero a veces así son las circunstancias y aceptarlas es la única opción posible.

El título de esta nueva entrada viene a resumir el motivo de mi “ausencia” a lo largo de estos meses pasados. Y a su vez, enriquece porque contaré mi experiencia personal con mi segundo hijo llegado al mundo el pasado diciembre.

Como homenaje a este nacimiento, dedicaré esta entrada a la relación entre el bebé en los primeros meses de vida, los padres y la Reflexología. Un trío de lo más interesante, bonito y perfecto.

El sentido del tacto en el bebé

El tacto es uno de los sentidos claves para el bebé fundamentalmente en las primeras semanas de su vida ya que genera un vínculo entre él y la madre. Esto es lo que conocemos como apego.

El sentido del tacto le ayuda a comunicar sus necesidades, a interactuar con otras personas y a explorar el entorno que le rodea.

El sentido del tacto del recién nacido empieza a desarrollarse durante el embarazo y continúa evolucionando durante su primer año de vida fundamentalmente y aún después.

La piel como órgano más importante

La piel del bebé al nacer es extremadamente sensible y delicada. Algunas partes de su cuerpo son particularmente sensibles al tacto, como su boca, manos, abdomen y la planta de los pies.

El contacto piel con piel es fundamental para sentirse unido a la madre o padre y comunicarse con ellos. El bebé se sentirá reconfortado con las caricias y es capaz de responder al reflejo de agarre, sujetando con fuerza el dudo cuando se lo ponen en su manita. A medida que vaya cumpliendo meses la piel y a través del sentido del tacto a relacionarse cada vez más con el entorno y las cosas que le rodean.

Los beneficios que se obtienen de un contacto adecuado con el bebé son:

  • mayor autoestima y seguridad ante lo externo
  • fortalecimiento de:
    • sistema nervioso central
    • sistema inmunológico
    • sistema digestivo
    • sistema circulatorio
    • sistema muscular

El apego

Se define como el vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad.

Los niños que crean un apego saludable y seguro, ven en sus padres una fuente de consuelo y una plataforma sólida desde la que pueden explora el mundo y jugar.

Al revisar la calidad del apego entre madre e hijo, los investigadores han encontrado que el apego seguro mantiene al bebé en equilibrio emocional.

La Reflexología va a tener un doble protagonismo en este terreno. Por un lado, ayuda a la madre o al padre a conectar con su bebé con sus manos aportando ese contacto que tanto necesita el recién nacido. Y por otro hará un trabajo orgánico, despertando ese médico interno que tenemos todos y que ayudará al bebé a conectar con su poder de autocuración desde los primeros días de vida.

Mi experiencia personal

Mi hijo ha nacido en la semana 36, lo que supone que a nivel madurativo los sistemas no están completos, sobre todo a nivel digestivo. A partir del primer mes empezó a estar incómodo, inquieto, y con los movimientos típicos de un dolor de estómago después de cada toma. Llantos que simulan dolor y una impotencia por mi lado por no saber cómo quitarle el dolor o al menos aliviarle. Desde el primer momento le cogí los pies, tantas veces como era necesario y trabajando su aparato digestivo, sus intestinos y su colón visualizando el arrastre de esos gases o desechos que tanto necesitaba expulsar para sentirse mejor. Solo con el “masaje” ya se tranquilizaba, te miraba como dándote las gracias por entenderle. Haciendo los movimientos pertinentes de Reflexología los gases salen y su alivio es instantáneo. 

Siempre tengo muy presente que no hay un exceso de Reflexología, que el cuerpo es sabio y recoge y procesa lo que realmente necesita, por ello no dejo de hacérsela siempre que le veo incómodo. Al ser un bebé de 2 meses y medio actualmente, no se deja hacer un tratamiento largo, es por esto que se le puede hacer varias veces al día. Después del baño, con suaves movimientos le trabajo el sistema nervioso para prepararle hacia la hora del descanso y lo recibe del mismo modo, relajado y calmado.

Aprovecho para informar, que próximamente impartiré charlas completamente gratuitas para padres que deseen ayudar a sus hijos desde los primeros días de vida, creando ese apego y conexión con sus hijos a la vez que saber algunos movimientos y trucos para aliviar los cólicos, gases, nerviosismo, los dichosos mocos y las patologías más comunes en nuestros hijos y en nuestro día a día. Si deseas más información, en el apartado de “contacto” puedes dejar tu email y te informaré del lugar, día y hora de esta información tan valiosa hoy en día para los que somos padres.